“La
Estrategia del Océano Azul”.
Conceptos del libro “Blue Ocean Strategy” editado en español por
Editorial Norma con el título “La Estrategia del Océano Azul”.
Basado también en el artículo “Value Innovation: The Strategic Logic of
High Growth “ HBR July-August 2004.
Usted puede descargar el artículo la-estrategia-del-oceano-azul.pdf.
Introducción
La tesis que inspira este libro es la necesidad de dejar a un lado
la competencia destructiva entre las empresas si se quiere
ser un ganador en el futuro, ampliando los horizontes del mercado
y generando valor a través de la innovación.
Los autores se valen de un símil para diferenciar
las dos situaciones competitivas más habituales en cualquier tipo
de industria: los océanos rojos y los océanos azules. Los
océanos rojos representan todas las industrias que existen
en la actualidad, mientras que los azules simbolizan las ideas
de negocio hoy por hoy desconocidas.
En los océanos rojos los límites de las industrias están
perfectamente definidos y son aceptados tal cual son. Además,
las reglas del juego competitivo son conocidas por todos. En este
mundo, las empresas tratan de superar a los rivales arañando
poco a poco cuota de mercado.
Conforme aparecen más competidores, las posibilidades de beneficios
y crecimiento disminuyen, los productos se estandarizan
al máximo y la competencia se torna sangrienta ( de ahí el color
rojo de los océanos). Los océanos azules, por el contrario, se
caracterizan por la creación de mercados en áreas que no están
explotadas en la actualidad, y que generan oportunidades
de crecimiento rentable y sostenido a largo plazo. Hay océanos azules que no tienen nada que ver con las industrias
actuales, aunque la mayoría surge de los océanos rojos al expandirse
los límites de los negocios ya existentes. El hecho fundamental
es que cuando aparecen los océanos azules, la competencia se torna
irrelevante, pues las reglas del juego están esperando a ser fijadas.
Tomemos el ejemplo del mundialmente famoso Cirque du Soleil. Creado
en Canadá en 1984 por un grupo de actores, sus representaciones
han conseguido llegar a más de cuarenta millones de personas en
noventa ciudades de todo el planeta. A primera vista, pocos
considerarían una buena idea montar una empresa relacionada con
el mundo del circo. De hecho, el circo, como concepto tradicional,
está de capa caída. Su público natural, los niños, hace tiempo
que viven más interesados por los juegos electrónicos que
por lo que sucede bajo una carpa.
Desde el punto de vista estratégico, la industria del circo era
a todas luces algo poco atractivo. Antes de que surgiera el
Cirque du Soleil, los circos estaban inmersos en una competencia
feroz para ver quién conseguía atraer a los mejores payasos,
los mejores domadores, en definitiva, quién conseguía tener más
estrellas entre su elenco. Esto hizo que los costes aumentaran
de forma desmesurada en medio de un hundimiento de la demanda
por este tipo de espectáculos. Esta batalla dejó de tener sentido
para el Cirque du Soleil, que no podía ser considerado ni como
un circo ni como una producción teatral. De hecho, consiguió
romper las fronteras de la industria, tal y como se conocían hasta
ese momento, al ofrecer a la gente la diversión y emoción
propias del circo (manteniendo sus símbolos tradicionales, como
la carpa, los payasos y los ejercicios acrobáticos) junto con
la sofisticación y riqueza intelectual del teatro (cada representación
tiene su propio hilo argumental, hay danza, se escucha música
compuesta especialmente para la ocasión, etc.). Por otra
parte, las representaciones del Cirque du Soleil se dirigen a
un público de todas las edades (no solo a niños acompañados
de sus padres), lo que unido al carácter único de cada una de
sus giras ha hecho aumentar de forma asombrosa la demanda
de este tipo de espectáculos, con el añadido de que puede cobrar
tarifas parecidas a las de los teatros (superiores a la entrada
de un circo tradicional). El Cirque du Soleil ha sabido crear
un océano azul caracterizado por un concepto de espectáculo innovador,
nítidamente diferenciado de las industrias preexistentes (circo
y teatro), ha reducido los costes en aquellos factores en
que la industria a venía compitiendo tradicionalmente y ha ampliado
las fronteras del mercado mediante la diversificación del público
al que se dirige.
Principios para desarrollar una estrategia de océano azul:
1- Crear nuevos espacios de consumo
El proceso de descubrir y crear océanos azules no consiste en intentar
predecir las tendencias de una industria o sector a través de
un ejercicio meramente adivinatorio. Tampoco consiste en implementar
las nuevas ideas que surgen en la mente de los gestores utilizando
el método de ensayo y error. El
primer principio para la creación de una estrategia de estas
características es establecer un proceso estructurado que logre
ampliar los límites del mercado tal y como se
concibe hoy en día. Para conseguirlo, los autores del libro proponen
los siguientes cinco caminos.
2 - Centrarse en la idea global, no en los números
Una vez examinados los itinerarios que pueden llevar hasta un océano
azul, el siguiente paso habrá de ser cómo aplicar estas ideas
a nuestra propia empresa para urdir una auténtica estrategia transformadora.
No nos encontramos ante un reto baladí. En la mayoría de las empresas,
la planificación estratégica se basa en cómo competir en los mercados
actuales (los océanos rojos): cómo incrementar la cuota de mercado,
cómo reducir continuamente los costes, … En la elaboración de
cualquier plan estratégico, los gestores pasan gran parte de su
tiempo haciendo números en lugar de salir al exterior y pensar
en cómo alejarse cada vez más de la competencia. Además, vistos
con detenimiento, esos planes rara vez tratan de auténtica estrategia,
sino que son meros movimientos tácticos que individualmente quizá
tengan sentido, pero que tomados en conjunto no muestran una dirección
clara ni innovadora. Esto nos conduce a la formulación del
segundo principio para la elaboración de una auténtica estrategia
de océanos azules: hay
que concentrarse en la globalidad, no en los números.
Los autores del libro proponen una alternativa al proceso tradicional
de planificación estratégica: en lugar de elaborar un documento
formal, resulta más recomendable dibujar sobre un lienzo, y de
la manera más clara posible, la estrategia que queremos implementar.
Realizar este ejercicio no significa que no haya que hacer números
y compactar todas las ideas en un documento final, pero eso será
más adelante. Los detalles son más fáciles de ubicar si primero
se tiene una visiónnítida de cómo queremos distanciarnos de la
competencia.
3 - Ir más allá de la demanda existente
Ninguna empresa quiere aventurarse a ir más allá de los océanos
rojos para encontrarse nadando en un ridículo charco de agua.
¿Cómo podemos maximizar el tamaño del mercado que estamos creando?
Esta pregunta conduce a la formulación del tercer principio de
la estrategia de océanos azules: ir más allá de la demanda existente.
Para poder alcanzar este objetivo, las empresas deberían corregir dos prácticas estratégicas
convencionales: la que consiste en centrarse únicamente en resolver
las necesidades de los clientes actuales y la que conduce a una
segmentación excesiva de los mercados. Cuanto
más intensa es la competencia entre las empresas, más fuerte es
el intento de personalización de la oferta de productos y servicios.
El inconveniente es que, cuando las empresas compiten para conquistar
las preferencias de los consumidores mediante una segmentación
excesiva, se corre el riesgo de crear mercados-objetivo demasiado
pequeños. Para maximizar el tamaño de los océanos azules, las
empresas, en lugar de concentrarse en los clientes, tienen que
dirigir su mirada hacia los no-clientes; y, en vez de extremar
su atención a las diferencias entre los clientes, deben potenciar
los elementos comunes que todos ellos valoran. A pesar de que
el universo de no clientes normalmente ofrece grandes oportunidades
para instituir océanos azules, son escasas las empresas que se
preocupan por conocer sus características con el fin de tratar
de atraerlos y convertirlos en clientes.
A grandes rasgos, puede decirse que existen dos niveles distintos
de no-clientes: la diferencia entre ellos radica en la distancia
relativa que cada uno mantiene en relación a nuestro mercado actual.
El primer nivel de no-clientes está constituido por personas que
en algún momento han analizado nuestra oferta de productos o servicios,
pero finalmente han decidido que lo que les ofrecemos no cumple
con sus expectativas.
El segundo nivel de no-clientes lo forman aquellas personas que
consideran la oferta actual de productos o servicios de una industria
como inaceptable o como más allá de sus posibilidades económicas.
Sus necesidades son satisfechas por otros medios o son ignoradas.
Sin embargo, acercarse a este tipo de no clientes puede resultar
muy lucrativo. La orientación estratégica natural de muchas
empresas tiende a mantener la base actual de clientes y buscar
nuevas oportunidades mediante la segmentación progresiva. A pesar
de que este método puede ser válido para consolidar una ventaja
competitiva e incrementar la cuota de mercado, no es una estrategia
que conduzca a la creación de océanos azules y generar una nueva
demanda. Mantenerse orientado hacia los clientes actuales no es
intrínsecamente pernicioso; sin embargo, poner en cuestión el
statu quo y lanzar una mirada abierta a las oportunidades que
ofrecen los que todavía no están de nuestro lado no ha de descartarse
de antemano.
4 - Asegurar la viabilidad comercial del océano azul
Acabamos de ver cómo se puede maximizar el tamaño del océano azul
que estamos concibiendo. Pero el recorrido no termina aquí: es
el momento del cuarto principio, que supone validar la estrategia
para asegurar su viabilidad comercial. El objetivo no es otro
que reducir el riesgo que entraña la implantación de una estrategia
de este tipo. Para estar seguros de la viabilidad de la estrategia,
habrá que hallar una respuesta afirmativa a las siguientes cuestiones:
- ¿Obtendrán los clientes una utilidad excepcional de la
nueva idea de negocio? - ¿El precio marcado para los productos
o servicios está al alcance de la gran masa de posibles clientes?
- ¿La estructura de costes que tenemos es viable teniendo
en cuenta el objetivo de precios que nos hemos marcado?
- ¿Existen obstáculos para transformar nuestra actual propuesta
de valor?
La necesidad de ofrecer una utilidad excepcional a los clientes
con nuestro nuevo océano azul parece algo evidente. Sin embargo,
muchas empresas fallan en este punto al obsesionarse con la novedad
de su producto o servicio -sobre todo si una tecnología innovadora
forma parte de él. Así fue con el Philips CD-i, una auténtica
maravilla de la ingeniería, pero que no proporcionaba a los consumidores
una razón lo suficientemente cautivadora como para comprarlo.
El CD-i incluía en un solo aparato un reproductor de vídeo, una
cadena de música, una consola de juegos y una herramienta de aprendizaje.
Lo ejecutivos de Philips dieron por sentado que una tecnología
de vanguardia resultaría un completo atractivo para los consumidores.
Sin embargo, no fue este el caso, ya que el producto disponía
de tantas funcionalidades que los consumidores no sabían realmente
cómo utilizarlo. Además, en ese momento eran muy escasos los discos
y el software disponibles en el mercado para ser utilizados en
el CD-i.
La trampa tecnológica en la que cayó Philips
es algo habitual, incluso entre las mayores empresas del planeta.
La innovación en el valor que se ofrece a los clientes no es equivalente
a la innovación tecnológica. El Cirque du Soleil, Starbucks, The
Home Depot o Ralph Lauren son océanos azules que poco tienen que
ver con la tecnología. Para que el nuevo producto o servicio consiga
atraer de forma consistente a las masas debe hacer la vida de
los clientes mucho más sencilla, más productiva, más cómoda, más
divertida, con menos riesgos y todo ello respetando el medioambiente.
Además, debe hacerlo en cada una de las fases que conforman la
experiencia de consumo del cliente: compra, entrega, utilización
o mantenimiento. La nueva propuesta no solo debe aportar una utilidad
claramente diferenciada de la ya existente, sino que debe derribar
los obstáculos que impidan a los no clientes pasarse a nuestro
bando.
El segundo aspecto que determinará la viabilidad
de la estrategia de océano azul es el establecimiento de un precio
apropiado. El precio estratégico que se fije para la oferta de
productos o servicios no solo ha de atraer a los clientes de forma
masiva, sino que debe ser también un aliciente para retenerlos.
Cuando una utilidad excepcional se combina con un precio
estratégico, la posibilidad de ser imitado por la competencia
se reduce. Para ayudar a los gestores a encontrar el precio oportuno
para una oferta irresistible, los autores presentan la herramienta
llamada el “túnel del precio”.
Conclusión
Los principios del océano
azul son cuatro:
1.
Crear nuevos espacios de consumo;
2.
Centrarse en la idea global y no en los números;
3.
Ir más allá de la demanda existente;
4.
Asegurar la viabilidad comercial del océano azul.
Una vez aplicados los cuatro, nuestra estrategia está lista para
ser implantada. Sin embargo, dar nacimiento a un océano azul no
es un proceso estático. Cuando una empresa se embarca en este
tipo de estrategias, tarde o temprano los imitadores pueden aparecer
en el horizonte. Las empresas, por tanto, han de aprender a no
regocijarse en los éxitos actuales. Para navegar con éxito en
un mercado sobresaturado es ineludible mantenerse en alerta permanente.
Vale también agregar el aporte del blog de NRGconsultores: “Balanced Scorecard e Innovación Estratégica”
quienes agregan algunos elementos recopilados, adaptados y comentados
del libro en cuestión (post original aquí):
En los últimos treinta años, las escuelas de negocios nos han enseñado
un camino centrado en la competencia. Las empresas menos exitosas
han seguido ese camino, un enfoque convencional: Su pensamiento
estratégico está dominado por la idea de quedarse con una orientación
basada en la competencia. En el absoluto contraste, las empresas
de alto crecimiento alto han prestado poca atención a comparación
o batalla con sus rivales. En cambio, han procurado hacer de sus
competidores algo irrelevante por una lógica estratégica que los
autores denominan la innovación
de valor (Value Innovation).
Veamos a continuación, algunas diferencias entre el enfoque en
la competencia y el enfoque de innovación de valor.
Supuestos de Industria
Muchas empresas toman las condiciones de sus industrias como “dado
y puesto”, sin verlas con un sentido crítico e innovador. En consecuencia,
su estrategia está fundamentada en esos supuestos. Los innovadores
de valor hacen todo lo contrario. No importa como el resto de
la industria se comporta. Ellos identifican, evalúan y retan esos
supuestos y creencias. Los innovadores de valor buscan ideas de
éxito de ventas y saltos espectaculares en el valor.
Foco Estratégico
Muchas organizaciones dejan que los competidores establezcan los
parámetros de su pensamiento estratégico. Ellos comparan sus fuerzas
y debilidades con aquellos de sus rivales y enfocan sus baterías
en la construcción de “ventajas competitivas”.
Esta lógica convencional conduce a las empresas a competir en ámbitos
marginales e incrementales. La lógica de innovación de valor comienza
con una ambición de dominar el mercado ofreciendo a un salto tremendo
en el valor. Los innovadores de valor nunca dicen: Aquí está lo
que los competidores hacen; hagamos esto en respuesta a ese enfoque. Como
los innovadores de valor no se concentran en la competencia, ellos
pueden distinguir los factores que crean el valor superior entre
todos los factores en los que la industria compite. Ellos no gastan
sus recursos y esfuerzos en ofrecer cierto producto y características
de servicio, sólo porque es lo que sus rivales hacen.
Clientes
Muchas empresas buscan el crecimiento fundamentados en retener
y ampliar sus bases de clientes. Esto a menudo conduce a la segmentación
estructurada y más fina, y a la mayor personalización de las propuestas,
para dar respuesta a necesidades específicas.
La innovación de valor sigue una lógica diferente. En vez de concentrarse
en las diferencias entre clientes, los innovadores de valor añaden
las concordancias poderosas en los rasgos del producto o servicio
que los clientes valoran. Los innovadores de valor creen
que la mayor parte de personas dejarán de lado sus diferencias
si se les ofrece un aumento considerable del valor que se les
entrega. Esas empresas trabajan con el corazón del mercado, aun
si esto significa la pérdida de algunos de sus clientes.
Activos y Capacidades
Muchas compañías ven oportunidades comerciales
por la lente de sus activos y capacidades existentes. Ellos preguntan,
¿Considerando lo que tenemos, qué es lo mejor que podamos hacer?
En contraste, los innovadores de valor preguntan, ¿Cómo lo haríamos
si comenzamos de nuevo?
Productos y Servicios
El esquema de competencia convencional ocurre dentro de límites
claramente establecidos, definidos por los productos y servicios
que el sector de industria tradicionalmente ofrece. Los innovadores
de valor, a menudo cruzan esos límites. Ellos piensan en términos
de la solución total que los clientes buscan, y ellos tratan de
vencer los compromisos que su industria impone a los clientes.
Otro elemento que ayuda a los gerentes a superar los límites establecidos
de la industria para descubrir fuentes de valor completamente
nuevas para los consumidores, es el de preguntarse las cuatro
interrogantes clave: ¿Cuáles son los factores qué nuestra
industria da por supuestos establecidos, y que deberían ser eliminados?¿Qué
factores deberían ser reducidos bajo del estándar de la industria?¿Qué
factores deberían ser elevados bien arriba el estándar de la industria?¿Qué
factores deberían ser creados que la industria nunca ha ofrecido?
Según la lógica convencional de la competencia, la curva de valor
de una industria sigue una forma básica. Los rivales tratan de
mejorar el valor ofreciendo un poco más por un poco menos, pero
la mayoría no desafía la forma de la curva. Según los autores:
“Todas las empresas alto desempeño que estudiamos crearon curvas
de valor fundamentalmente nuevas y superiores. Ellos consiguieron
esto por una combinación de eliminar rasgos, crear rasgos, y reduciendo
y elevando rasgos y atributos a niveles sin precedentes en sus
industrias.”
¿Qué pasa una vez que una empresa ha creado una nueva curva de
valor? Tarde o temprano, la competencia trata de imitarlo. En
muchas industrias, los innovadores de valor no afrontan un desafío
creíble durante muchos años, pero en otros, los rivales aparecen
más rápidamente. Obsesionada con conservar la cuota de mercado,
la empresa puede caer en la trampa de la lógica estratégica convencional.
Si la empresa no encuentra su salida de la trampa, la forma básica
de su curva de valor comenzará a lucir justo como a la de sus
rivales.
En algunas industrias emergentes, las empresas
deben innovar con frecuencia. En muchas otras industrias, las
empresas pueden cosechar sus éxitos durante mucho tiempo; una
curva de valor radicalmente diferente es difícil de imitar por
otros actores del sector, y las ventajas de volumen que vienen
con la innovación de valor, hacen la imitación costosa.
Cuando la curva de valor de una empresa es fundamentalmente
diferente de la del resto de la industria ― y la diferencia
es valorada por la mayor parte de los clientes ― los gerentes
deberían resistir a la innovación. En cambio, las empresas deberían
emprender la expansión geográfica y mejoras operacionales para
conseguir máximo aprovechamiento de economías de escala y de cobertura
de mercado. Este enfoque acercamiento desalienta la imitación
y permite que empresas den un nuevo giro al potencial de su innovación
de valor.
Según los autores: “Las empresas que estudiamos que eran mas exitosas
en aplicación recurrente de la innovación de valor, eran aquellas
que aprovecharon las tres plataformas en las cuales la innovación
de valor puede ocurrir: producto, servicio, y entrega. El sentido
preciso de las tres plataformas varía a través de industrias y
empresas, pero en general, la plataforma de producto es el producto
físico; la plataforma de servicio es el apoyo como mantenimiento,
servicio de cliente, garantías, y el desarrollo de proveedores
y contratistas; y la plataforma de entrega incluye la logística
y los canal de entrega de productos o servicio a los clientes. “Demasiado
a menudo, los gerentes que tratan de crear un foco de innovación
de valor en la plataforma de producto y desestiman los otros dos
elementos. Con el tiempo, este enfoque probablemente no abrirá
muchas oportunidades de la innovación de valor repetida. Como
los clientes y las tecnologías cambian, cada plataforma presenta
nuevas posibilidades. Como los agricultores buenos hacen rotación
sus cosechas, los innovadores de valor buenos rotan sus plataformas
de valor”.
¿Cómo pueden los altos ejecutivos promover la innovación de valor?
Primero, ellos deben identificar y articular la lógica estratégica
predominante de la empresa. Entonces deben desafiarlas. Ellos
deben detenerse y pensar en las creencias de la industria, el
foco estratégico de la empresa, y los enfoques ― hacia clientes,
activos y capacidades, propuestas de valor de productos y servicios
― que son dados por sentado. Habiendo enmarcado de
nuevo la lógica estratégica de la empresa alrededor de la innovación
de valor, los altos ejecutivos deben hacer las cuatro preguntas
que traducen su esquema de pensamiento en una nueva curva de valor:
¿Cuál de los factores qué nuestra industria da por supuesto y
que deberías ser eliminados? ¿Qué factores deberían ser reducidos
por debajo del estándar de la industria? ¿Cuáles deberían ser
elevados muy por encima del estándar de la industria? ¿Qué factores
deberían ser creados que la industria nunca ha ofrecido?
Atendiendo al conjunto completo de estas cuatro preguntas ―
en lugar de seleccionar una o dos ― se establecerá lo necesario
para un crecimiento rentable. La innovación de valor es la búsqueda
simultánea del valor radicalmente superior para los clientes,
y de la reducción de costos. Los ingresos, la rentabilidad,
la cuota de mercado, y la satisfacción del cliente son todos indicadores
de la posición actual de una empresa. Al contrario de lo que el
pensamiento estratégico convencional sugiere, esas medidas no
suelen señalar el camino al futuro. El mapa de Pionero – Migrador
– Seguidor puede ayudar a una empresa a predecir y planear el
futuro crecimiento y la ganancia, una tarea que es particularmente
difícil ― y crucial ― en una economía de cambios acelerados.